25 mar 2012

Acerca de: EL AMOR PLATÓNICO

"El amor platónico se desintegra apenas lo consumimos y con él no solo se despide su magia, sino también nuestra autoestima".


¡L’amour, l’amour, , l’amour!... Cada vez que pienso en el amor, mi cabeza automáticamente se pone en modo licuadora y en pocos segundos, me prepara un cocktail de recuerdos femeninos listos para ser bebidos de un solo totazo. Aquel líquido de instantes raros y exóticos primero se pasea con nostalgia sobre mi paladar, luego se lanza casi ardiendo por la garganta hasta caer como un vacío dentro del estómago; todo para terminar mezclándose, de manera muy promiscua, con las ácidas despedidas, los salados remordimientos, las agridulces promesas y los amargos sueños incumplidos ... ¡¡¡Vaya trago pa' fuerte!!! ¡El amor! ¡El amor! ¡El amor!... El amor es la droga de los pobres, el negocio de los ricos y el novelón de los famosos; sin embargo, aunque revivir mis funestos enamoramientos me embriaga de una forma melancólica perfecta para escribir, la resaca de mis errores me puede más; y por ello no voy a tomar un mezclador alfabético para hablar sobre lo que padezco y mejor, me dedicaré a despotricar sobre la fe que sufrimos todos al querer hallar el elixir de la felicidad.

Platón era sociópata, un vago con alucinógenos bajo la lengua, una especie de manifestación incandescente de la pereza de los dioses, un cerebro flotante que no supo cómo anclarse a la tierra y decidió esparcir su ocio intelectual por el aire, el cual algunos todavía tenemos la osadía de respirar... En fin, Platón era un filósofo enceguecido por la idolatría, y su vida estaba encarcelada en una caverna de ideas desde la cual controlaba el universo; alguien muy similar a Petro pretendiendo gobernar 8 millones de habitantes desde los 140 barrotes enjaulados de su Twitter... y tal fue el castigo divino por su atrevimiento, que hasta la actualidad calificamos bajo su nombre todo aquello que por su naturaleza es considerado imposible... como el amor platónico.

Amar es peligroso, más aún si se es capaz de hacerlo de la cintura para arriba, pero es aún más letal si amamos una fantasía que convive atrevidamente con nuestra realidad, suplantándola con una imaginaria y muy mala comedia hollywoodense. Resulta peligroso porque mientras el amor verdadero (que igual no deja de ser en la mayoría de los casos un alter-ego de nuestra falta de autoestima) tiene por lo menos la decencia de esparcirse como mermelada sobre la piel sin empalagarla; el amor platónico nos alimenta de ausencia insípida, de inseguridad tortuosa y sonriente, de nuestra propia saliva cuando pensamos en besar al objeto de nuestra pasión inconclusa... Al enamorarnos de la nada, del frustrante deseo de querer y no tener, nos convertimos en onanistas del futuro, en placebos andantes donde las emociones no son una cura sino una enfermedad.

Tal vez esté siendo un poco agresivo al referirme al amor de juguete con tanta displicencia, más aun cuando veo a mi amada Natalie Portman en una película y se me sale una sonrisa anestesiada de tristeza, o cuando recuerdo a aquella chica de ojos azules corriendo alrededor de mi salón en sexto de bachillerato, y se me bajan los ojos entre la alegría y la nostalgia; pero siendo realistas, soñar platónicamente con la persona indicada en una historia perfecta, es como ser un minero chocuano untado de oro hasta el sudor, quien vuelve a su casa desde la mina del frente más pobre que la noche anterior... o en otras palabras, tener un amor platónico es igual a convivir con esa sensación de sentir que algo valioso te pertenece, que es tan tuyo como tu piel (negra), pero que el destino sin una razón justificada, puso a otro hijodeputa, (si es en el chocó o es paisa o extranjero) a que disfrutara de tu objeto a-dorado.

Por otra parte, deteniéndonos en este último concepto, el gran Aaaaamorrrrrr (nótese el suspiro casi matrimonial), seguro será una persona capaz de valorar tus mayores virtudes, mientras pensaría en escribirte un manual de instrucciones para usar bien el inodoro... en cambio, el amor platónico es tan solo la más romántica y vulgar reducción de un ser humano a un objeto, a un objeto emocional, intelectual o físico. A causa de ello no resulta gratuito que las muñecas inflables de mayor pedido sigan siendo Angelina Jolie o Pamela Anderson, o que un juguete sexual femenino sea bautizado como Roger o hasta Faustino (y no estoy exagerando). Eso se da porque la simbolización de nuestro deseado sujeto no solo es falsa, sino que en descaro a nosotros también nos gusta que nos mienta... Para comprobárselo le voy a sugerir una de mis frecuentes preguntas inútiles... Si no nos gustara que la imagen proyectada del amor nos engañara, entonces ¿Por qué cuando tenemos la fortuna (más bien desgracia) de conocer a un amor platónico de cerca, y este se manifiesta tal como es, sentimos que algo interior se nos rompe?... Resulta no siendo tan bonito de cerca, o tal vez parecía brillante pero terminó siendo un completo imbécil, no importa el caso, siempre tiende a decepcionarnos; y todavía es peor cuando sufrimos de un trastorno obsesivo-compulsivo por él, y preferimos mil veces justificarlo a costa de nuestra propia integridad, que aceptar la denigrante maraña de irrealidades con las cuales estimulamos nuestra ingenuidad; tal como pretendía aquella niña vendiendo su virginidad a cambio de una boleta de Justin Bieber, antes de terminar “violada” por un malparido que seguro solo se sabía canciones de los corraleros del norte.

El amor platónico se desintegra apenas lo consumimos y con él no solo se despide su magia, sino también nuestra autoestima. Quizá sean muy pocos los Devendra Banhart quienes tuvieron el placer de amanecer con la señorita Portman, mientras millones de anónimos pagamos tiquete de cine para verla bailar en su tutú blanco; sin embargo pese a ello, muchos seguimos creyendo que algún día la veremos pasar por la calle, ella se acercará a pedirnos una dirección y acabaremos en la puerta de su apartamento, deshaciéndonos de la ropa esclavizante y fundiéndonos entre sus besos libertarios.

¡Ayayayayyyyyyy amor platónico! Si ya sabía lo falso que eres ¿Por qué seguía yendo una vez al año al mismo bar, siempre el mismo día, donde vi alguna vez a esa chica de miradas azules de mi niñez, y fui incapaz de hablarle? ¿Acaso presentía muy en el fondo que si mi curiosidad rompía el misterio, (como el destino me obligó a hacerlo en una grabación) ella terminaría siendo una aburrida manicurista de RCN con ínfulas de estrella de cine?


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29 feb 2012

Acerca de: LOS BOLSILLOS


"No hay situación más incómoda que tener las manos ocupadas y estar obligados a sentir los dedos de otro individuo, mientras escarba con inútil cuidado entre los pliegues de la ceñidísima tela contra la piel... es casi como una citología sorpresa."
 

Tengo un miedo terrible desde pequeño y es el de llegar a perder una mano, o en el peor de los casos las dos; aunque la posibilidad de verlas desaparecer juntas es tan baja que es más probable ver a Timochenco bailando la cucharita se me perdió, en los quince de la hija del comisionado para la paz, que llegar al extremo de perder todos mis dedos de una sola tirada (¡upssss!... Si lo condenan ojalá no sea por haberse "desmovilizado" la cadera falsamente, mientras le seguía el paso al jefe de las FARC).

Tal miedo abominable a la mutilación espontánea surgió en mi niñez, cuando un estúpido payaso me saludó con una mano de goma en una fiesta de recreación y al jalarla se desprendió, haciéndome creer que se la había arrancado con mi propia fuerza. A penas la sujeté en el aire entré en shock de inmediato sin darle siquiera la oportunidad de remediar su broma de mal gusto. Desde aquel momento tengo la fijación tonta pero justificada de saludar con sutileza y permanecer con las manos entre los bolsillos para que no se me salgan del brazo; sin embargo, no fue difícil convivir con mis traumas infantiles hasta que un día, metí una mano entre un bolsillo roto y sentí como éste se tragaba mi brazo sin misericordia... Desde ahí comenzó una nueva pesadilla.

Vivimos llenos de agujeros, pequeños vacíos sombríos fabricados de tela y ansiedad, llenos de boronas micro-sobrevivientes y de excéntricas costuras rebosadas de orgullo. No importa si están rotos o en perfecto estado, su razón de ser los obliga a devorar cualquier cosa dentro de ellos, y en algunas ocasiones, no están dispuestos a devolverlas. Mientras escribo he logrado enumerar (sin contar), más de 10 de estos recipientes; y entre ellos puedo ver (sin mirar) cómo se esconden democráticamente los objetos más significativos de mi vida cotidiana, en contraposición a la basura más sorprendente del día (hago constar de antemano que, aunque separo las cosas importantes de las otras, en muchas ocasiones las confundo y terminan siendo las mismas, sin importar si es mi vida o la de los demás) . También en ellos puedo sentir las gotas secas del sudor ocioso, alguna factura inútil de supermercado y una buena cantidad de trocitos de pasado que arman el rompecabezas de mis instantes desechables. Sin embargo ¿se ha dado cuenta de la odisea emprendida por sus dedos tratando de diferenciar lo relevante de lo insignificante entre lo que guarda? pues bien, examinemos entonces en dónde se oculta el misterio.

Un bolsillo, denominado por los franceses Le sac, por los alemanes Der handtasche y por los coreanos (¿¿¿¿WTF????), es un recinto vital arrojado a las sombras; una especie de vorágine aplanada que conduce a un universo paralelo, donde nosotros nos reducimos a tarjetas con fotografía, nuestro hogar se aminora hasta un trozo de metal, nuestro instinto de supervivencia se materializa en papel moneda, y nuestro círculo social se congrega en un aparatito lleno de ruidos raros y teclas con nombre propio (¿Teléfonos inteligentes? ¡Vaya mentira más bochornosa!, pero sobre ellos escribiré luego). Cuando una mano entra en aquella bolsa de Pandora, acaricia un viaje en el espacio-tiempo que conecta el mundo real con el universo simbólico, donde la poderosa textura de un billete, se entremezcla fácilmente con el nombre de la persona amada escrito entre circuitos electrónicos; y si no fuera porque las conexiones cerebrales son más inteligentes que nuestra consciencia, los uniríamos a los dos más veces de las que nuestra pareja quisiera darse cuenta.

También un “saquillo” puede ser la entrada indirecta a nuestra intimidad, a ese territorio donde tocar con disimulo y rascarse sin ser visto, con cierta complacencia orgásmica, es la mayor "pruebita" de amor hacia sí mismo. Por ello, no hay situación más incómoda que tener las manos ocupadas y estar obligados a sentir los dedos de otro individuo, mientras escarba con inútil cuidado entre los pliegues de la ceñidísima tela contra la piel... es casi como una citología sorpresa.

En fin, dejando atrás todas estas verídicas y rebuscadas teorías, es necesario caer en cuenta que los bolsillos de la ropa también son un manifiesto sexista en la interminable lucha de géneros. Un pantalón de hombre por ejemplo, contiene dos o más bolsillos en su haber donde se guarda apenas lo necesario, fuera de una cantidad incongruente de tarjetas de presentación como si estuviese coleccionando un directorio; en cambio, un pantalón femenino sin importar su tipo, tiene mucha suerte si alcanza a tener un par de trampas para esmalte para cada una de sus manos. A razón de ello, una mujer tiene que demostrar su sorprendente destreza al evitar que sus dedos se vean atrapados por el textil, en la frecuente proeza de extraer tan solo un papel de su propio pantalón... Eso sin hablar de la muy extraña tendencia de los diseñadores al hacer costuras falsas para simular los pliegues sobre la pierna, como si de manera psicológica se estuviese atacando el feminismo contemporáneo con un ejército de mujeres incapaces de "meterse la mano al bolsillo" cuando de pagar la cuenta se trata.

Ante todo este delirio machista de hacer la ropa femenina como una segunda piel (casi asfixiando la primera), una chica promedio no tiene más alternativa que aumentar el diámetro de su Mega-vacío principal... El increíble bolso... dejando atrás esa bonita época de las microcarteras Louis Vuitton al estilo de la Rebecca de Hitchcock, para acabar con unas pobres tulas de bodega, las cuales brillan de soberbia con la marquilla D&G grabada en un estampado mediocre por toda la superficie. Ya en su interior, esta bolsa infinita no solo se dedica a suplir la necesidad de espacio ausente en la vestimenta, también da pie al maravilloso surrealismo femenino donde puede encontrarse hasta un arsenal completo de maquillaje que bien podría retocar una caravana de circo, pero no se hallaría, en el 50% de los casos al menos, algo tan fundamental como un paraguas, la cédula de ciudadanía o las llaves de la casa.

Una última reflexión sobre tan útil saco de tela, (haciéndole caso a una querida lectora de risos sonrojados, quien argumenta que siempre empiezo en un punto y casi no termino en ninguno), un bolsillo se traga las cosas que resguarda. Definitivo. Como una especie de paradoja fantástica donde miles de elementos se desaparecen, huyen o se pasan por invisibles (incluidas las manos... aunque en realidad duerman ahí como los peces durante varios segundos aleatorios en el día); cuando en realidad, estos saquitos llenos de motas fueron diseñados para resguardarlos y protegerlos del “esculcador” exterior. Si piensa que estoy exagerando recuerde cuántos celulares se han esfumado de los bolsillos como por arte de magia (¡¡¡maldito payaso!!! ¡Odiaré su mano falsa toda la vida!), o en cuántas ocasiones ha casi sentido su monedero ahí y solo cuando lo necesita cae en cuenta de su ausencia, o por último, siendo optimistas ¿Alguna vez ha encontrado un billete sorpresa dentro de un jean que no usaba hace tiempo, y esto le ha arreglado un mal día?... ¿Ve?... ¡Los bolsillos son un agujero de conejo para el siglo XXI!, y nosotros las Dorothy's contemporáneas, quienes en cada incursión dentro de ellos nos exponemos a los más fascinantes misteriosos entre los más traumáticos descubrimientos... Si todavía piensa que exagero, revísese bien... Quizás ya no tenga algo importante para usted, y si es usted de las que usa esos "talegos" de tela (cada vez más "talegos" y menos carteras) escarbe muy profundo en ese gran pozo de oscuridad... Si encuentra algo como una carta de amor de hace varios años o un par de medias de reposición, es usted la digna heredera de la bolsa mágica de San Pedro , solo que en vez de usarlo para salvarle la vida, posiblemente esté lleno de "maricaditas" para complicársela.

PDTA: (Acostumbrándome a los post-data... Aunque las estadísticas digan que los colombianos cada vez leemos menos, a mí por lo menos me gusta escribir (de) más)...  Aquel payaso se llamaba Eliécer; digo que se llamaba porque está muerto para mí... Juraría que era manco, o por lo menos eso me dice él mismo en algunas pesadillas… Espero de todo corazón que haya recuperado su mano y pueda estar en este momento pensionado, ojalá rascándose las pelotas entre el muy valioso y añejo bolsillo de un anciano.


26 ene 2012

Acerca de: SER UN DESPLAZADO... AQUÍ



"Colombia es un país acostumbrado a poner en el noticiero una pila de muertos al lado de la sección de farándula"
Dedicado a Laura Quiceno


Laura me había hablado de una mujer, una mujer de un millón de pasos y bastantes recorridos, una mujer de miles de esfuerzos y varios fracasos, una mujer de cientos de palabras y muchos años, una mujer de casi diez desplazamientos forzados y aun así muy pocas lágrimas. ¡Vaya mujer! Que tristeza que no sea la única...

Colombia es un país acostumbrado a poner en el noticiero una pila de muertos al lado de la sección de farándula, como si las tetas de Sofía Vergara estuvieran a la altura de una asesinato y ¡No!... Un cadáver, por su usual manera de viajar acostado, seguramente no podría verlas; entonces, nuestro problema de conducta no es una simple falta de respeto, sino de una constante falta de tacto. No queremos tocar la realidad nacional tanto como quisiéramos mandarle la mano chica del bikini sobre la playa caliente; si fuese así, percibiríamos la obvia diferencia mediática entre el sol de Pepsi y el sudor de arriero apaciguado con agua’panela . Ahora bien, cuando de vivos agónicos se trata la situación cambia de forma notoria. Para saber de ellos no es necesario encender el televisor o escuchar a Julito en las mañanas, uno los puede ver por ahí, se los cruza por ahí, los percibe por ahí y sin darse cuenta, los ignora de todas las maneras posibles.

Cuando me nombran una provincia santandereana de la cual es originaria la señora Edilia, se me viene a la cabeza un destino exótico e inútil, de tierra fértil, silencio y tranquilidad, al cual me desplazaría gustoso para depositar mis últimas ideas, tal como hizo Eduardo el nadaista huyendo San Francisco, un pueblito moribundamente feliz; sin embargo, al conocer el testimonio de Edilia entre las campañas de ONU-Mujeres, ya no puedo imaginar ese lugar más allá de un tiro en la cabeza como souvenir de mi visita. Por razones que espero usted intuya, ella no se desplazó gustosa de su casa campesina, ni de los otros 7 lugares de donde la han sacado (viva por lo menos); salió corriendo de cada uno de ellos en un intento por salvarse, dejando poco a poco la vida de los suyos atrás, varios más allá del recorrido y otros simplemente en el más allá. ¡Claro! a esta altura del partido ella seguro está a salvo, es un ícono femenino de la lucha contra la violencia reconocida por la ONU, pero ¿Y el resto?

Ser desplazado en Bogotá es la última (pero permanente) tendencia de la moda. Aquí existen programas de ayuda un poco mejor desarrollados, hay colonias, barrios y hasta redes informales de trabajo callejero para desamparados; aquí el clima es más benéfico para tirarse al suelo, estirar la mano durante las 8 horas reglamentarias, y ganar hasta $45.000 diarios; aquí escuchamos una historia de película (aunque la realidad supere la ficción) e inauguramos fundaciones, hablamos con el alcalde de turno y ¡Voilà! un nuevo comedor comunitario... en fin, la capital es el terreno propicio para llegar después de una masacre y hacer de la vida algo menos miserable. Pero, al verlo desde otra perspectiva, cuando un desplazado decide arribar a la capital, también asume el riesgo de perder su identidad, dejando atrás todo aquello que constituye su individualidad para terminar como un microorganismo más, dentro de la creciente economía parásita.

Un individuo metropolitano se viste de indiferencia desde su nacimiento, se perfuma de extravagancia para llamar la atención y entrena frente a una pantalla durante el transcurso de la noche, con tal de salir victorioso de aquella "miradera" matutina a la que dedica su recorrido en ese acuario rodante, mal llamado transmilenio, como si cada pececito fuese un embutido depredador. Pero al tratarse de un prófugo de la violencia, éste tendrá que estrellarse contra el generalizado "importaculismo" bogotano sin más refugio que revivir día a día el drama de su historia, consiguiendo renunciar de manera involuntaria a sus sueños futuros, y acabar así sobreviviendo en modo vampiro dentro del sanguinario cuenta gotas de la limosna. No solo la desgracia lo acongoja, también se aferra a ella en un acto de resignación y pereza, porque aquí no es útil ni para las estadísticas, las cuales apenas pueden verlo como un punto arrinconado entre decimales; aquí su existencia se resume en cinco minutos, uno de ellos completamente desperdiciado en obligarnos a corear su "buenos días" entre el clásico vallenato de bus. Aquí en la capital (a diferencia de un pueblo donde tarde o temprano se pondría a rehacer su vida) sus latidos se miden en monedas, su dolor tiene la longitud de una cifra con un cero a la izquierda, y su dignidad se reduce a la cantidad de certificados que ha de llevar para adquirir la membresía de desplazado oficial ante el estado.

Nosotros los anónimos, quienes a falta de nombre propio decidimos adoptar apellidos físicos como Adidas, Diesel, Blackberry etc., al vivir en una constante negación de la realidad asumimos todo lo foráneo bajo tres muy simplistas puntos de vista: Folclórico (como los lagartos que traga sin masticar) Maravilloso (como un perrito que saborea sin probar) o Trágico (como un humano que habla de lo que no sabe aunque tenga la boca llena). Muchas víctimas del desplazamiento reconocen tal comportamiento con su sagaz ingenuidad, y se apegan a él como la última de sus esperanzas. Se trepan a los buses para contar su tragedia, reciben dinero a manera de sahumerio para anestesiar su espíritu, y siendo éste un narcótico de los que vale la pena consumir, caen en la paulatina adicción de memorizar su prosa, añadiéndole exageraciones de acento y una mirada cristalizada de dolor como si fuera una joya de vulgar bisutería.

Mientras las personas desplazadas aprendían (con desgracia) a teatralizar sus vivencias; en mis viajes al Casanare y al Vichada, tuve que ver la subasta barata de sus predios abandonados, los cuales acababan en los 5 bolsillos de los mismos encorbatados de siempre. Aquellas tierras que habían sido "arrebatadas del terrorismo", no fueron reclamadas por "nadie" y tuvieron que ser "administradas" por los "mas" ¿dignos? representantes de la "democracia". Ante eso prefiero creerle al presidente Chávez mientras dice utilizar la tecnología iraní para procesar el maíz de sus arepas, y Ahmadineyad argumentando que las únicas bombas que tiene son de amor y fraternidad para los países antiimperialistas (vaya discurso, el traductor sabía de memoria la palabra Arrogancia, pero el presidente árabe nunca escuchó el término Revolución Bolivariana, ¿será que en el diccionario de sinónimos Español - Árabe, significaban lo mismo?)... Retomando, prefiero creerles a este par de arribistas personajes, que a varios de nuestros histéricos representantes de gobierno, quienes con una mano se están rasgando las vestiduras y que con la otra se cubren las más oscuras ambiciones. Aquellas tierras, al igual que las de San Luís de Antioquia o las de Montes de María en Sucre y Bolívar, seguro tienen a sus terratenientes aquí con la cara sucia de tierra (a veces real o a veces falsa); arrojados en aquel metro cuadrado sobre el puente por el que cambiaron sus fanegadas rurales...

¡Agh! Me indigné de nuevo... Voy a dejar hasta ahí porque es de todos sabido que mientras ud termina de leerme, estará pensando en el siguiente click de su vida, un hecho que para muchos es tan trascendental como para algunos desplazados conservar la dignidad, y yo por mi parte estaré salvando el país desde una tienda de cerveza como acostumbramos a hacer los colombianos; mientras en últimas los otros (muy poquitos otros), con sus helicópteros privados van desplazándose por toda la soberanía, comprando la huella geográfica de una miseria nacional que el CODHES y Acción Social por lo menos deberían medir su valor de la siguiente manera:


 


Ahh! Una cosa que olvidaba, a aquellos adeptos (desadaptados) de la literatura sin paréntesis, les digo (aunque literalmente lo estén leyendo) que bien pueden ir desalojando mi blog (con discreción por favor que también los amo) ¡Muchas Gracias! (y piruetas… e incipientes soserías para ustedes) 



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31 dic 2011

Acerca de: LAS PROMESAS DE FIN DE AÑO

"Cuando prometemos algo en la mitad de la noche, estamos activando un cronómetro para un impredecible futuro, y nos convertimos en esclavos de su cuenta regresiva."



Señoras y señores, ¡El año se desborona! Se deshace, se disuelve, se licua, se esfuma y poco a poco se olvida. Seguramente por algunos días nos equivocaremos al escribir 2011 en los formularios dónde el nuevo año ya entra en vigencia, o haremos un sin número de bromas de poca monta sobre el año viejo, y por antonomasia  le daremos una excesiva responsabilidad al que está por venir; pero es un hecho, con o sin trascendencia acabamos de gastar 365 créditos del largo e instantáneo juego de la vida... ¿En qué se los gastó? ¿Recuerda por lo menos las inoficiosas promesas de aquel pasado 31 de diciembre? ¿Cumplió alguna?... Es una buena oportunidad de ser sincero y contarme en silencio ¿Realmente quería (de corazón, pechito y pulmón) llevar acabo alguno de los juramentos que no “alcanzó” a realizar?

Varias veces me he preguntado de dónde surge esta necesidad tan arrogante de prometerse un año mejor lleno de mitos. ¿Por qué no empezar a hacer una nueva vida y ya, sin tanto misticismo? ¿Acaso cada una de las 12 uvas de fin de año que entrarán por la boca en unos minutos, saldrán a juzgarnos como piñas por algún otro lado si no cumplimos nuestra promesa? ¿En serio creemos qué una "narizona" amarilla va a ser la mayor clave de nuestro éxito sentimental y económico? ¿Está seguro que dando la misma vuelta que usted le da a su perro, pero esta vez con una maleta, el mundo se rendirá a sus pies? y si es así ¿Qué pensará su perro cuando día a día hace sus necesidades a solo un metro de distancia de aquellos pies que harán rendir al mundo?... Créame, está gastando mucha de su tiza en un tablero posible de limpiar sin tantas presunciones. ¿Uvas? ¡Dios líbrame de ellas!

Como se habrá dado cuenta, estoy haciendo más cuestionamientos de lo habitual, y eso se da por la sencilla razón de ver el verdadero rostro de nuestros deseos para fin de año: Una promesa no es más que una pregunta con demasiadas ínfulas de respuesta. Una promesa es la peligrosa hazaña de hacer con palabras un acto imposible. Una promesa es el término perfecto para definir la ausencia de carácter en el presente.  Cuando prometemos algo en la mitad de la noche, estamos activando un cronómetro para un impredecible futuro, y nos convertimos en esclavos de su cuenta regresiva.  A diferencia de una meta cualquiera, en pleno el 31 de diciembre, nos alineamos con el calendario gregoriano para medir nuestras ganas de hacer algo, y como cada vez que nos limitamos por números, la probabilidad de fallar se hace exponencial… Una promesa de año nuevo es un homicidio premeditado a la felicidad.

Hoy, siendo un día tan especial quiero rememorar algunas promesas de esas que duelen por no haberse cumplido: ¿Metro? No, no hay metro en Bogotá y somos infelices entre los carros… ¿FARC? No, no se acabaron y seguimos siendo un país de infelices atentados humanitarios… ¿Secuestrados? No, ni los liberaron a tiempo, ni el tiempo pudo liberarlos… ¿Mundial? ¿Qué es eso? ¿Educación pública? ¿Dahh? ¿Pobreza? ¡Pffffffffffffff!... Estas son apenas algunos juramentos de nuestro desmemoriado nacionalismo criollo; pero cuando la cosa se vuelve personal, siento que a veces sería mejor dejar el muñeco de año viejo sin quemar, cosa de no desperdiciar la poca esperanza en medio del fuego.

Si lo meditan con cuidado,  el verdadero problema nunca está en las promesas, porque para bien o para mal, ellas tienden a ser solo la representación formal de un deseo por superarse. La coyuntura real existe en la mentirosa plusvalía que estas adquieren, frente lo importante del año anterior. En mi caso, tantos objetivos impuestos del 2010 podría cambiarlos en un instante por los tres mejores momentos imprevistos del 2011 (si a alguien le importan se resumen en: Cierre de Rock al Parque desde la tarima; Caminar por el centro de una autopista escuchando  “Where is my mind” de Pixies, y salir de Media noche en París con una botella de vino y la mejor compañía posible) En fin… Vivir es un acto de casualidad constante donde prevenir puede convertirse en un acto de arrogancia. Cuando prometemos algo para nosotros mismos, estamos intentando forzar al destino, como quien con una rama seca trata de reorientar una cascada. ¡El flujo del tiempo es invariable! (aunque Einstein y sus ojos infinitos hayan dicho lo contrario) Nuestras metas son el resultado progresivo de un presente continuo, y pensar en concebir una nueva vida desde enero, está muy lejos de parecerse a un inodoro donde, con solo accionar una palanca, desaparemos todo aquello que nos disgusta.  Sin embargo, me agrada ver la cara de las personas cuando lograron bombear sus propios contaminantes, aquellos que pese al tamaño de la ramita, canalizaron la caída del agua y consiguieron lo que buscaban. Pensar en ellos es motivante, aunque proporcionalmente desalentador.

Por ejemplo, quien se prometió no fumar desde el último día del año y lo logró es una excepción cabalística para los otros mil que lo intentamos; la particularidad reside en que su promesa no estuvo validada en un día específico, sino en la reflexión profunda de meses y años atrás, donde el 31, el 01, el 15 o cualquier otro fichero cronológico es insignificante. Su compromiso no se basó en un cambio de época, si no en un cambio ciclo, y como cualquier ciclo, no responde a medidas humanas universales, sino a fluctuaciones particulares de cada fenómeno. Todos los seres humanos tienden a cagar en ciertos periodos de tiempo, pero eso no significa que todos nosotros vayamos al baño en el mismo instante… ¿Si notan la diferencia?

Ahora bien, ya llegando al minuto culmen donde habrá tantos fuegos pirotécnicos como niños quemados por la estupidez de la euforia, solo me queda respirar hondo y abstenerme de soltar el aire con varias barrabasadas sobredimensionadas. Huiré de las ideas de mi madre en su obligado intento por llenar mis bolsillos de lentejas, evitando la pena de abrir mi billetera en un futuro y encontrarme (fuera de vaciado) con la frustración de tener comida sin cocinar. Además buscaré tan hondo como sea posible en mis acciones anteriores, para descubrir el hilo conductor que me arrojará sobre los pocos juramentos viables, entre los cuales estarían: 1. Comprar mañana un Alka-Seltzer para remediar el exceso de alcohol. 2. No acercarme a un celular y evitar hacer una llamada que remueva sentimientos del ayer. 3. Jurarme a mí mismo que por los próximos 366 días (siendo año bisiesto) aprovecharé mis ratos libres para pensar en cosas inoficiosas como las de éste blog y en definitiva, 4. Prometer no prometerme nada para el 2012, donde la mayor pérdida posible se reduce a conseguir eso... nada, y así, obtener por casualidad momentos tan valiosos como hacer el amor en una sala de cine; ganar cierto concurso de literatura, y obviamente sentarme en el retrete con la tranquilidad de haber digerido la vida tal como merecía.

Les deseo un gran 2012, tan grande que en serio les cueste mucho trabajo sostener…
 
  

Pdta.: Queridísimo Andrés Caicedo, con tristeza he de decirte que sobreviví otro año; la pereza de hacer un acto melodramático para hundirme en el anonimato volvió a ganar. El otro año lo intentamos de nuevo, al final, el tiempo como la vida misma seguirá siendo algo insustancial por naturaleza.

25 nov 2011

Acerca de: EL LÁPIZ LABIAL

"Su gran habilidad para transformar la boca en un objeto del deseo supera cualquier otro artículo estético; es más podría ganarle con creces a la sugestiva ropa interior."

Me gustan los objetos extraños, más aún si son un poco bizarros, solo porque tienen el potencial de transgredir los sentidos y con ello, entrar fácilmente en contacto con nuestra íntima naturaleza.

Ser fetichista es un acto de valentía ignorante, más aún cuando se le compara con ser un ateo radical o un fanático empalagoso, pero a su vez,  resulta también muy subversivo para el inconsciente…  y como colombiano que se respete (al menos de fronteras para afuera, según quienes nos reciben) ser subversivo es otro sinónimo nacional al cual se le deben rendir los honores correspondientes. Tal vez se lea feo, lo sé y hasta me duele admitirlo, pero si al salir del país me revisan como un cocainómano-narco-paralítico-sudaco cara de mula, y además próximo parrillero del mes de su Mc Donalds; verme como un fetichista más, nacido del país del divino niño, es casi un acto patriótico (y patrioterista a la vez). Sin embargo, mi fascinación hacia estos adminículos de poder es un poco más globalizada, corresponde a aquellos objetos con la capacidad de doblegar al otro con su sola presencia, haciendo realzar el ego y la vanidad de quien los usa; y en definitiva, el que encabeza mi lista de favoritos es el lápiz labial.

Tratando de ser objetivo (lado indivisible, por fortuna, del exquisito cinismo) un pintalabios no es más que un pequeño cilindro de manteca condensada bajo presión, el cual imparte un color homogéneo al desprender su grasa animal sinuosamente por la piel. Algo un poco grotesco en su concepción, pero de increíble capacidad destructiva en éste machista huevo terraqueo (por si no lo sabían, el planeta dista mucho tanto de ser una esfera, como de ser equitativo en cuestión de género). Su gran habilidad para transformar la boca en un objeto del deseo supera cualquier otro artículo estético; es más podría ganarle con creces a la sugestiva ropa interior, porque a diferencia de ella, el mal llamado colorete va al aire libre sin ser considerado exhibicionista, razón que completa su libidinosa cualidad para exaltar la auto-fijación femenina y el redundante primitivismo masculino.

Lacan calificaría de manera candorosa al lápiz labial como el objet petite femenino, un objeto lleno de vacío que no suple ninguna necesidad concreta, dedicando así su fuerza semiótica a satisfacer la ansiedad del deseo, del plus de goce; con lo cual no se equivoca en absoluto, pero antes de seguir, yo quisiera añadirle algunas palabras más a su teoría y llamarlo el bisarre objet petite par excellence, porque no es lo mismo comprar un coctel afrodisiaco a un vibrador, o comprar un árbitro a un juez de la república, así como pretender que un colorete apenas suple un deseo superfluo, cuando en realidad éste supera la banalidad para convertirse en un objeto de placer muy poderoso.

Quien usa un lápiz labial pone sus ganas de pecar en la cuerda floja, esperando caer acompañado en un abandono total a su apasionado salvajismo. Desde el acto mismo de aplicarlo en los labios, una mujer (aunque no dejo de lado a gays, trans y uno que otro hombre probando su dudosa masculinidad con el maquillaje de su madre en Halloween)… repito mejor… desde el acto mismo de aplicarlo en los labios, una mujer está llevando sus ideas al plano de la vanidad, para luego transformarlo en lujuria y por último, conducir a su víctima al estado más carnal de su consciencia. Si cree que me equivoco repase mentalmente el proceso de una mujer,  al embadurnarse la boca con la lipo colorizada de rojo. Primero hay un enfrentamiento de egos reflejados sobre el espejo, deslizando el ritual de una caricia cremosa contra los labios; luego, capa tras capa va cubriendo la liviandad de su piel con la boca entreabierta, y su saliva comienza a suspirar por el enrojecido sabor de sus roces; después un par de besos auto infringidos y a la calle con la trompa estática y la mirada matadora. Como el labial puede correrse al ser tocado, llegamos a la dicotomía de todo éste problema sobre el fetichismo y el poder ¿Para qué pintarse la boca de un color atractivo cuando está prohibido tocarla?... Aquí entra en juego el erotismo, que en resumen se explica como "Mira pero no toques, toca pero no pruebes, prueba pero no disfrutes, disfruta pero no te satisfagas, satisfácete y te tiraste el juego" o en otras palabras, entre mayor es la tensión entre el deseo y la negación, mayor es el poder ejercido sobre el instinto y la consciencia, dando paso al descontrol del sexo contrario... Por ende, cualquier persona con el color rojo en la boca, no solo pretende verse más bonita, busca además la adulación y la manipulación del otro.

Quiero pensar en una última cosa para dejar tanta carreta argumentativa y pasar a la inapropiada, (más entretenida por mis rojas intensiones) ¿Será el lápiz labial la representación fálica de la seducción femenina?... No lo piense a mal, o piénselo de la manera más conveniente y malintencionada posible, al final, tanto su idea como la mía pasarán desapercibidas por el 99.999% de los alfabetas del planeta. Realmente lo que busco es una pervertida pero lógica teoría simbólica, en la cual ud podría ser tan perpetrador como víctima. Si un hombre, teniendo por naturaleza un instinto más básico, se vanagloria o se atormenta por el tamaño de su "adminículo" y el automóvil que conduce, y estos a su vez son los mayores símbolos de seducción hacia el género femenino... ¿Cuál sería el de una mujer? Su busto y ¡Voilá!... ¡¡¡EL LÁPIZ LABIAL!!!... Sabe por qué... La razón es pecaminosamente interesante. Cuando un hombre tiene un vehículo dominante, su primera reacción será mostrarlo y mantendrá el tendencioso deseo de subir a la chica en él, hasta cuando ella decida montarse, a sabiendas de dónde podría terminar si ella se lo permite.

En mi caso (abogando por todos los hombres fáciles del planeta) al ver ese color rojo, como cualquier otro torito de poca monta, me da por perseguirlo mientras ella desfila su boca intocable frente a mí; pero cuando por fin hice méritos suficientes para subirme en él, y veo la textura cereza esparcida sobre su mentón, mejillas y hasta sus dientes, sé muy bien dónde terminaré en el primer instante que me lo permita…  Con ello mi conclusión es muy simple: El lápiz labial es el delgado límite entre la inseguridad femenina y el desenfreno pasional de una mujer; cuando éste se corre, literalmente su sensualidad también se disuelve sobre su piel, y todo el poder que concentraba su pudor sugestivo, se deja llevar ahora en una combustión volátil, enceguecedora y por qué no decirlo, hasta animal...

Entonces ¿Fetichista?... Definitivamente SÍ…. y no me importa... ¿Y a usted?


Acerca de: LA MUJER GASOLINERA (by Luchencio Diplony)

"Puede estar enrollándolo con una bella sonrisa y una mirada seductora sin que usted se dé cuenta… Pero ¡esté atento! Si ella gasta mucho de su tiempo siguiéndole la cuerda en su conquista, es posible que esté siendo “tramado" vilmente"

 ¡Alerta!... Abra bien los ojos


Alguna vez se ha puesto a pensar que estamos rodeados de un ejército de mujeres que dominan otro tipo de inteligencia, una inteligencia muy ligada a una vieja tradición femenina de supervivencia, la cual viene siendo tan hogareña y tan inculcada desde la niñez, que es totalmente normal en muchas de nuestras mujeres. Solo es cuestión de abrir bien los ojos para poder desenmascarar a estás mordaces señoritas; no hay que ir muy lejos para encontrarlas… ¡Nos tienen rodeados! ¡Cuidado! Están más cerca de lo que se puede imaginar… y ¿cómo las identificamos? Fácil. Seguramente usted caballero se ha topado con más de una a lo largo de su vida, pero si no es así, le voy a hacer una breve descripción de esta especie tan excepcional de nuestro país:


Ella es una mujer visualmente atractiva y presenta en la mayoría de los casos un cuerpo armónico, lo cual le facilita su interacción con los hombres. Puede estar enrollándolo con una bella sonrisa y una mirada seductora sin que usted se dé cuenta… Pero ¡esté atento! Si ella gasta mucho de su tiempo siguiéndole la cuerda en su conquista, es posible que esté siendo “tramado” vilmente; porque yendo más allá de lo evidente, no es usted, si no lo que usted pueda darle, lo que motiva a aquella mujer para permanecer a su lado; y si busca evitarlo, le daré algunos tips con los cuales puede descubrir que esa hermosa representante del género femenino, tan interesada en sus atenciones,  no es más que la indeseada pero famosísima  mujer “gasolinera”.

Tips para identificar a una mujer gasolinera

  • Puede tener algún tipo de nombre como: Leidy, Yurlady, Yurani o alguno de esos extraños derivados de voces inglesas, ya que sus padres querían verlas “bien” posicionada en el exterior.
  • Generalmente está estudiando algo relacionado con medios, comunicación y/o periodismo, ya que estas mujeres tienden a llevar en su sangre el sueño de pertenecer a la farándula criolla.
  • Dichas mujeres suelen contar con un diccionario único y exclusivo de su especie para comunicarse con mayor notoriedad, en dónde pueden hallarse palabras como: “tadxy”, “pedsi”, “edxelente” o la más exquisita expresión “me parece perdfedto”. 
  • Muchas veces este tipo de mujer se empeña en decir que solo sale a los mejores lugares, aunque sea incapaz de diferenciarlos, acudiendo siempre a la típica frase “yo fui pero hace mucho”
  • Debe tener muy en cuenta que, pese a su limitación mental para pagar una cuenta, es una mujer de muchos “amigos”, y su teléfono celular siempre sonará cuando usted esté a su lado, y casi siempre será otro hombre invitándola a hacer algo.
  • En su primera cita puede venir acompañada de su mejor amiga, la cual seguramente conoció en el colegio y que, si se fija muy bien, resulta ser muy parecida tanto en sus gestos como en su personalidad “arrolladora”.

Estos aspectos son los más reconocidos para éste tipo de mujeres,  sin embargo cabrían múltiples variaciones dependiendo de su lugar de procedencia (pueblos o barrios marginales en muchos de los casos) o de su capacidad intelectual,  ya que no todas manejan un nivel tan prometedor, lo cual se demuestra en sus atuendos mal combinados pero excesivamente “mostrones”. También pueden encontrarse en casi todos los ámbitos de la vida cotidiana, gracias a su amplia cualidad de adaptación física: Colegios, Oficinas, Bares, Centros Comerciales… quizá hasta haya alguna a su lado en este momento, ya que con su ostentosidad lujuriosa, tiende a captar la atención de un hombre cada 5 minutos. Pero relájese si en alguna ocasión se siente merodeado por una de ellas, cada una cuenta con un olfato poderoso para descubrir a quien pueden sacarle gota a gota su dinero; sin embargo, si ese es su caso es mejor dejarse llevar... porque su autoestima machista podría estar en riesgo. Tenga en cuenta que hasta el día de hoy, es culpa de nosotros como hombres este tipo de comportamiento, al estar usando esos anticuados métodos de conquista, que según los expertos podría resumirse en: “El caballero siempre invita a la dama”. 

Es triste haber provocado esta situación tan depredadora, y en verdad, hasta ahora nos estamos dando cuenta del peligro que significa haber alimentado a aquel monstruo come billetes durante varias generaciones, quien por su naturaleza, tiende a cobrar más y más víctimas cada día, para seguir paseándose como una marejada de langostas en los automóviles de sus recién dominadas mascotas. Sin embargo, ya que algunas han sido descubiertas infraganti, succionando los bolsillos de ciertos hombres con ansias de mostrar su poder adquisitivo, existe afortunadamente una nueva cultura en contra de sus potencialidades (como la de éste artículo), y aun así, ellas nunca se darán por vencidas, razón por la cual, esta otra guerra del petróleo (manifestada en jeans Diesel y mucha gasolina en el reggaetón) ¡debe continuar!... igual, es necesario aceptar que podemos perder, ya que ésta tipología femenina tiene una voluntad de hierro y su sueño más poderoso es encontrar al padre más rico para sus hijos, el cual tiene por excelencia una sonrisa con muchos ceros a la derecha, y un contrato de matrimonio del 50/50 para un posible divorcio.

Sabiendo esto amigo lector hágase un favor y no se deje llevar por una sonrisa bonita o un cuerpo pecaminosamente angelical… recuerde que estas mujeres gasolineras están entre nosotros, y quizá ya no estemos a tiempo de hacer algo para eliminarlas, pero aun podemos evitar que se sigan alimentando del dinero de los buenos hombres de nuestro país. 

PD: Si ya existe la “Inteligencia vial”, deberíamos crear una campaña para salvarnos de estas mujeres… podríamos ponerle algo así como “Inteligencia hormonal” , porque sí NO nos dejáramos llevar por lo que hay bajo nuestros pantalones, nuestros bolsillos no se verían tan afectados…  Piénselo y ¡Actúe!...  Antes de que sea demasiado tarde.


Luchencio Diplony
edit by: androfacto

23 oct 2011

Acerca de: LA LEY 30

"La Educación Superior es un servicio público cultural, inherente a la finalidad social del Estado." Artículo 20 - Ley 30 de 1992

Existe un gravísimo problema con la educación en este país, y se resume en dos puntos principalmente: Una gran ignorancia colectiva, manifestada en la mediocridad del conocimiento adquirido y, una deficiencia alarmante en materia de accesibilidad, la cual no permite llegar a un modelo educativo de calidad, que disminuya aquella brecha de forma equitativa. Si alguno de estos dos problemas no se resuelve, ningún país en vía de desarrollo como el nuestro, podrá deshacerse de este calificativo mundial y se condenará a sí mismo a ser la fuente de riqueza y bienestar de cualquier otra nación desarrollada, a costa del sacrificio  de sus pocos recursos productivos ante la demanda y el control de países más competitivos. Ahora bien, saliéndonos de estos términos aristocráticos, plantearé el mismo problema desde otra perspectiva con el objetivo de retribuir sus gratos comentarios sobre mis ácidas palabras, y empezar una pequeña y “golosa” crítica sistémica de la Ley 30, a la que corresponde el epígrafe de éste artículo. Estamos literalmente CAGADOS como colombianos al no tener un buen aprendizaje y pocas oportunidades REALES para conseguir uno mejor, y lo peor es que si no logramos que la educación nacional sea accesible y de calidad, dejaremos de ser un inodoro del primer mundo y nos convertiremos en una LETRINA selvática de 2 mil Km/2, donde el mayor riesgo es que te quieras quedar.


La Ley 30 me pone de moda, porque me pone indignado, y es que al leer de la manera en la que está escrita dentro de la constitución, y al experimentar su elegante manera de sepultar con lentitud la educación pública, me hace recordar las enfermedades cancerígenas atacando célula por célula hasta devastar el sistema inmunológico, para luego, cuando los síntomas externos ya se hacen evidentes, no dejar mucho para la salvación del paciente. También lo hace la gracia con la que ésta misma se escabulle en los artículos responsables de la financiación estatal, saltando inmediatamente a la otra muy cuestionada Ley 100, como sí se le aplicara radiología y, pensándola desaparecida, se reactivara en otra parte del cuerpo. Definitivamente pensando esta ley como un cáncer, la población nacional serían células, los estudiantes serían anticuerpos defendiéndose, la falta de recursos sería un estómago deteriorado, el corazón nacional sería un órgano indiferente de la situación y el problema principal provendría desde la cabeza estatal, afectando a las más de 500.000 neuronas  universitarias “beneficiadas” de la educación pública, o en otros términos tendríamos un gran tumor cerebral a punto de hacer metástasis donde se apruebe en el congreso.

Dejando a un lado las analogías médicas, viendo que muchos de nosotros tenemos esa masa crítica en la cabeza y bien puede, darnos una migraña extrema por pensar demasiado o generarnos una pérdida significativa de la inteligencia para no ver lo evidente del dilema, voy a centrarme ciertos puntos dichos por la misma Ministra de Educación, y quizá por todos aquellos que respaldan el proyecto de reforma, en los cuales claramente se está equivocando. Primero dice en su entrevista con RCN algunos meses atrás: “Buenas Noches” y desde ahí ya empezamos mal  ¿Cuáles buenas noches cuando estaba a punto de arrojarnos una pesadilla de ley como esta? ¿Quién puede ser más sarcástico en éste país que aquel que desea  el bien por su lengua y hace el mal con sus ideas?... está bien, no voy a aburrirlos, sigamos: “Lo que propone la reforma es generar más oferta de muy buena calidad (…) también plantea la propuesta que pueda llegar la inversión privada, con ánimo de lucro a co-financiar la educación superior (pública). Entonces en ningún momento se está planteando la privatización de la educación”  ¡Cómo carajos una representante del estado comienza calificando algo que es un derecho social, con un término como “Oferta”! ¡Odio los pensamientos macroeconómicos por ser el mayor ejemplo de insensibilidad! ¿Acaso eso no significa que psicológicamente ella misma ve la educación como una mercancía? Además ¿no hay una clara contradicción cuando dice “ánimo de lucro” y No privatización? o es que perdimos el norte de las Ciencias Económicas, ahora llamamos a la empresa común, Hermanitas de la caridad... Sin embargo, como no pienso extenderme en contra-argumentar, prefiero traer una ponencia del senador Robledo, para debatirla: “Con una mano obliga a la universidad a aumentar sus costos y con la otra le mantiene congelado sus recursos (…), Si la universidad pública no crece, crece la privada y eso es privatización, si le obligan a subir el valor de sus matrículas, eso es privatización (…) la mediocridad educativa va ligada a la privatización”, pero ¿Por qué?

Es muy sencillo, si realmente queremos pensar la educación como un producto, pongo como ejemplo una bolsa de leche, y por ley debemos darle leche a todos los colombianos, el estado entregará la leche que “pueda” pagar… pero cuando un negociante entra a invertir  su capital para ganar rentabilidad, con la condición de mantener los mismos niveles de consumo, tendrá que reducir sus costos al máximo para mantener sus márgenes de ganancia esperados, o si no, ésta no sería una empresa CON ÁNIMO DE LUCRO… entonces ¿Qué calidad tendría esa leche?... mirando ahora las cosas desde el otro lado, una buena leche cuesta mucho por los procesos que exige producirla; Universidades como Harvard sacan al mercado laboral muy buena leche y ¿Sabe usted cuánto cuesta una matrícula en Harvard?.. SI… mejor ni se lo pregunte… ahora bien, si al buscar (como extrañamente dice la reforma) una excelente calidad, el inversor principal que es el estado hipotéticamente pone el 50% del capital de producción (“argumentado” que no puede dar más) y un inversor privado pone el otro 50%, esperando ganar al mínimo un 20% ¿Usted cree que quien HOY no tiene plata para pagar una universidad privada, podría llegar a pagar ese 70% extra que costaría la educación “público-privada” de máxima calidad?... Claro, es un modelo muy simplista y hasta irónico de la relación capital-inversión, pero igual ese 70% tendrá que salir de algún lado en el transcurso del tiempo, como funcionan todas las finanzas…. Y ¿Qué sucederá si el inversor decide retirarse o si el negocio se declara en bancarrota? ¿Vendemos el laboratorio de ingeniería o algunos lotes del campus universitario?  Ahora pasemos al plano global, un país desarrollado tiene los más altos estándares de educación por una sencilla razón, entre más sabe, mayor es su capacidad de controlar, tanto sus recursos como los demás; no por nada mientras ellos se inventaron el acelerador de hadrones, nuestro ingenio desarrolló la latica para alterar el contador de energía, la antena roba señales y el “muñeco” para aumentar los ciclos del taxímetro, entonces ¿Se siente ud mejor capacitado para trabajar en una central atómica o para piratear la señal del cable?

Por último, ya aligerando un poco el cerebro de la presión producida por el tumor de la inconsciencia… Todos discutimos por la Ley 30 por miles de razones similares a las anteriores, pero aunque he escuchado muchos argumentos, el único faltante entre mi bagaje es el de la comparación… Si vamos a hacer del derecho de la Educación algo público-privado, miremos qué ha sucedido con los otros restantes. La Salud público-privada actúa por tutelas en la mitad de los casos. El derecho a la Vivienda público-privada, cuándo por fin se consigue, toma entre 15 y 20 años en pagarse y la Seguridad público-privada en la ciudad se llama Celaduría y en el campo se llama Paramilitarismo… ¿Cree usted entonces que este tipo de políticas neoliberales en serio funcionan?... Mejor no lo dude tanto… Las ideas sobrecalentadas sobran, más aún cuando debería estar pensándolo con la cabeza fría y decir NO A LA LEY 30.