8 oct 2012

Acerca de: EL CHOCÓ

"El Chocó es un cuerpo sin memoria, una pulsación bombeando sin origen ni sentido..."




¡Señoras y señores! ¡Guaches y guarichas! (Vocablos Chibchas que significan exactamente lo mismo, y que al nacer en esta patria de "indios" como nos llaman algunos, merecen sus honores correspondientes) Niños precoces y niñas inquietas. Animales, microbios y alguno que otro desubicado que Google re direccionó mientras buscaba cómo desvestir a una Barbie con solo mirarla a través del empaque... En fin queridísimos lectores, para mi resulta un resignado placer contarles que este blog ¡Cumple su primer año de publicaciones! Y viendo que durante este periodo nadie tuvo la sensatez de detenerme, es un buen momento para abatir sus mentes con promociones, ofertas y alguno que otro indirectazo de regalo.

Tal como cualquier bien de consumo al estar de aniversario, hoy y solo por hoy, estoy pensando en rebajarme un poco más de lo normal, y así atraerlos a comprar un producto de excelente calidad, tan voyerista como nos gusta y a un muy bajo costo... ¡El de nuestra enceguecida indignación patrimonial!... Que para fortuna de muchos gobernantes, se encuentra en proceso de devaluación y se hace fácilmente transable por casi cualquier cosa: Oro, carbón, petróleo, cocaína, entre muchos otros de cuestionable exportación... Para demostrarlo, mis próximas palabras estarán dedicadas a un territorio sobre el cual se adolece mucho pero se enfrenta poco, y que solo hasta poder adentrarme en sus enajenados misterios, al fin logré liberarme de los discursos ignorantes, del dolor de libreto y de los mitos de su sangre oscura que lo transcriben, descubriendo así una realidad llena de tantas contradicciones que ni la más frondosa selva negra podría cubrirlas.

El místico Chocó es un lugar de imaginarios y desencantamientos. Su tierra es un manifiesto a la ironía que va más allá de la riqueza natural y su nefasta devastación, más allá de la segregación y la ingenuidad étnica que muchos divisamos desde las grandes ciudades. Pero su razón de ser no se limita a las denuncias dramatico-faranduleras de las ONGs que tanto malacostumbran a los académicos. Tampoco responde a la temida fiebre del oro y las enfermas consciencias que conquista hasta envenenarlas. Esta supervivencia inverosímil basada en la avaricia, la necesidad y el desarraigo proviene de una naturaleza aun muy difícil de asimilar por el ser humano, su propia y enajenada autodeterminación.

Aquí no hay Viagra que valga ¡El "arrechón" manda la parada! Y eso nos revela que el Chocó también está permeado de malicia y amor. Aquí la lástima es tan efímera como la desigualdad, y se respira día a día con la tranquilidad de la aceptación; aquí pocos entienden sobre la santidad de la jungla, y las personas más cercanas a su esencia nativa, los "cholos" indígenas de la tribu Embera, sobreviven a la discriminación de los mismos chocoanos que han sufrido por ella hasta ahora; demostrando con ello que el racismo Colombiano, fuera de ridículo, es trashumante y pasa de raza en raza con el paso de los años. Aquí los paisas ven negocios, los extranjeros desangran las piedras, los cachacos servimos de abogados del diablo, los afro trabajan mientras se emborrachan con lo que pueden, y los indígenas en un periodo colonial más light, comparten las migajas de esta agreste economía con sus gallinas. Aquí Dios ya no juega a los dados porque durante su última visita, en aquel tiempo cuando se traían hombres a domicilio desde el África, perdió no sé cuántas miles de almas negras en una mala apuesta, y con sus notorios problemas de autoestima, no fue capaz de recuperar este pedacito de edén de este caluroso infierno.

Disernir estas cosas no ha sido fácil. Para poder amansar tantas inmorales apreciaciones tuve que hacer una travesía por si misma inverosímil como lo exige la región. En pocos días he pasado de ciegas camionetas polarizadas a canoas donde el horizonte se traduce en la más visionaria libertad. Me he metido en sitios donde el aire acondicionado disfraza la pobreza, y en endebles casas de madera donde ella misma se pavonea orgullosa de su antena Directv. He visto un amanecer nublado que pinta toda la atmosfera de naranja, y me he fragmentado con ríos infinitos donde la extracción de minerales los matiza de un asqueroso azul lechoso; pero más allá de eso me preocupa que pese a ver infinitas situaciones, donde el término Miseria obtendría un mérito suficiente para ser incluido dentro del himno nacional, aun no he visto ni la mitad de lo que sucede en este lugar porque me ha sido vedado, o porque yo también me he vuelto insensible. Sin embargo, mis oídos han sabido escuchar los carrotanques incendiados a un par de kilómetros de distancia, mi cámara ha registrado un camión de gas recién asaltado por el ELN y mi intuición me ha alertado sobre algunos personajes a los que no debo levantar la mirada pese a comer en la misma mesa... Se que hay más, pero seguro me es invisible a plena vista.
 



¿Por qué este lugar, estas personas, esta cultura, se esfuerza tanto por desarraigar las raíces de su historia? Pues bien, la respuesta es tan evasiva como la misma idea de preguntar cuando aquí "nadie sabe nada", pero pese a ello, algo me dice que se trata de un problema ontológico que solo encontrará lógica en mi cabeza... El Chocó es un cuerpo sin memoria, una pulsación bombeando sin origen ni sentido, un cheque sin fondos cobrado con salvajismo a su ausente legado, una madre virgen que heredó genéticamente las desgracias de unos extranjeros traídos a la fuerza, quienes a su vez llegaron como huérfanos a una tierra que no les pertenecía. Este Mato grosso del pacífico, tan enigmático e inocente, es violado por todo aquel hombre que la habita, sin consideraciones sociales de ningún tipo, solo por una sencilla y obligatoria razón. La supervivencia permanente.

A través de mi viaje que comenzó en Quibdó y llegó hasta la incoherente niebla cubriendo a San José del Palmar, por cada población que pasaba, Yuto, Tadó, Istmina, Condoto… Me encontraba con un común denominador: Sus habitantes más pobres aun dependen de la agricultura rudimentaria y de la minería artesanal. Ni la mendicidad ni la riqueza son una opción, porque la primera es mal vista y la segunda mira por encima de hombro mientras habla entre jeroglíficos de máximo calibre como estos: 我懵了我不承当我听到中. Tanto hombres como mujeres, niños y ancianos trabajan para juntar el hambre con el cansancio en las mañanas y así, sobre el medio día, poder justificar el humilde pecado de respirar. Ya en horas cercanas a la tarde, las matronas con casi un siglo de andar descalzas, se asoman por las ventanas a mirar las sombras pasar de lado a lado sobre los andenes de tierra, mientras los pescadores acumulan los Bocachicos y las Pianguas sobrantes de las ventas para su almuerzo del otro día. Luego, cuando la noche seduce su piel para convertirla en penumbra, los pobladores del pacífico subyugados según las diferentes fuerzas del orden legal o ilegal, salen a discotecas de pueblo para sudar en la oscuridad o se esconden tras las delgadas paredes de madera a la espera de camuflarse con el crepúsculo en caso de presentarse cualquier conflicto; y si la noche les sirve de cómplice, procrean, procrean y ¡procrean! hasta que el "arrechon" pierda la batalla y puedan aumentar el riesgo de un futuro mejor en las proximas generaciones.

Por último, en las mañanas salen todos de sus casas: Europeos, gringos, orientales, afros, indígenas, militares, guerrilleros, traquetos, diplomáticos, empresarios etc... Entre ellos se ven, se saludan, se gritan, se ríen, se amenazan, me atropellan con una de sus motos y se van, vendiendo su alma a diario por cosas que ambicionan otros fuera de aquí. Es entonces cuando el delito de asesinar la naturaleza se hace punible en impuestos; y el dinero circula entre amos y esclavos como si buscaran reemplazar la sangre en sus venas para comprar con él cada latido de su corazón, a la espera de que el destino cobre gota a gota sus deudas cuando, por derecho o por la más incoherente de las casualidades, los agujeros dentro de la tierra ya no sirvan para explotarla sino para volver a ser parte de ella.

  
Damas y caballeros, esta fue mi fugaz mirada al lugar donde la sal crea un cosmos sobre la piel negra. No obstante, no dejo de pensar que de haber ahondado más tiempo en su océano de secretos, pude haberme enamorado de su conveniente anonimato y así, caer en el olvido con el sabor a pesca’o y las sonrisas de mármol marino; pero por fortuna mi viaje continuaría hasta desplegarse a sitios en los que mantener silencio era el único tiquete de salida. Sin embargo, las zonas de conflicto vendrán después, cuando mi osadía vuelva a casa donde callarme es un derecho y no una volátil tranquilidad. Pronto… muy pronto.

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19 ago 2012

Acerca de: EL CEPILLO DENTAL

"¡Voila! La maldita frescura química fue ocasionada por la crema dental. Tan exagerada y cuestionable como una rendición de cuentas de este gobierno."



Hay algo en mi aliento; algo falso, seco, dulce y embelesador (como muchas presentadoras del noticiero), algo que causa cierta frescura, pero que también me satura la saliva en un intento por desconocer mi gusto hacia el tabaco, hacia el café y hacia el hogareño sabor de la arepita antioqueña extraída del supermercado (producto digno del orgullo paisa, refrigerado según la tradición en los almacenes ÉXITO, un lugar emblemático de la región de la "eterna primavera", porque no hay nada más paisa que un multimillonario negocio que se da el gusto de vestirse de amarillo floripondio).

Ese extraño sabor, codificado por la dureza de mis muelas, no me deja ni escribir con claridad ni pensar desde las sombras neuronales, y pese a que esta mañana quise echar madres sobre todas las banalidades del mes, las cuales alimentarían de numerosa vergüenza el contador de este blog, no pude empezar una sola línea interesante para la resurrección de Oscar con la muerte del rating de RCN, ni para el nebuloso conflicto indígena en el Cauca del cual prefiero reservar mi opinión, ni sobre la mordida a la yugular de Kristen contra su versión del empalador para adolescentes Robert Pattinson (Cualquier morbo sugerente sobre ese Kent con colmillitos es responsabilidad de cada lector ¡Obviamente!). Tampoco pude esgrimir ataques a favor del veganismo extremo de la novia de Cerati (agradezco al autor de un comentario tan saludable para mi humor) ni para el despilfarro de los Olímpicos en plena crisis Europea, y ni siquiera una sola palabra sobre nuestro cuestionable orgullo mediático hacia los 8 medallistas colombianos... ¡No pude! Quizá era imposible hacer literatura desde el absurdo, o desestimé la inspiración producida por Facebook cuando encontré en la misma hiperlectura, frases de Ghandi, fotos retocadas simulando la portada de una revista, y los jeroglíficos de una subcultura denominada "Faras" que de forma muy primitiva trata de distinguir entre sus hormonas  y su dignidad.

Ante todo eso, resultaba algo incoherente referirme a cualquier suceso interesante, sin embargo, si la vida es por naturaleza una absurda casualidad, como ser humano solo me quedaba intentar darle orden a sus coincidencias... Estaba sentado ahí, vacío y con ansias de escribir, pero como tal inocuidad universal me obligaba a buscar de labios hacia adentro, todo debía empezar desde ahí, con la lengua entre la sombra buscando la chispa para encender las palabras.

¡Voila! La maldita frescura química fue ocasionada por la crema dental. Tan exagerada y cuestionable como una rendición de cuentas de este gobierno. No había llegado por si sola a apoderarse de mi paladar, tenía un cómplice. Fibroso, delgado y a primera vista inocente... ¡El higiénico cepillo dental! Tan sofisticado; indispensable en una maleta de viaje, purificador del esmalte que desgarra con hambre los alimentos... Todo un héroe silencioso, pero ¿Acaso nunca hizo nada malo?... Sí, si lo ha hecho, es más aún lo hace, doblegó mi libertad de expresión en la infancia y ahora me traumatiza con la más temible de sus condenas, la de verme a mí mismo lo más “homínidamente” posible.


Cuando era niño me encantaba sentir en exceso, sin prudencia ni buen comportamiento y varias veces fui castigado por ello a través del dicho "¡Que son esas groserías! ¡Vaya y lávese la boca!", a lo cual pocas veces accedí al no sentirme culpable, pero con esa expresión entendí que los malos actos pueden ser lavados y cepillados hasta desaparecer. El cepillo y la crema dental adquirían entonces un poder sobrenatural, la de limpiar la consciencia cuando del lenguaje se trata. ¡Uribe lávate la boca! Lo que dices es un acto de megalomanía ¡Chávez lávate la boca! Lo que dices es un acto de megalomanía ¡Shakira lávate la boca! Obviamente no eres megalomaníaca pero ¡¡¡Como putas te equivocas con el himno nacional cuando te lo enseñaron desde la primaría!!!... En fin, lavarse los dientes pareciera ser una buena solución cuando existe un arrepentimiento de palabra, lo cual, embebido en está inmadura adultez que me sosiega, no resulta para nada mal  ¡Uyyy esperen! Olvidé a alguien ¡Azcarate lávate la boca! Lo que dijiste sobre las gorditas, aunque tuvo cierta gracia, nos demuestra que tú no tienes el cerebro suficiente para ser megalomaníaca; tus palabras fuera de ser "pesadas" para las pesaditas, no son un acto muy rentable cuando flaca o gorda te pagan lo mismo por buscar chistes machistas en google y decirlos por televisión...

¿En qué iba? ahhh ya... Cuando creces, y tu desarrollo personal se mide según la magnitud del robo efectuado por tu tarjeta de crédito, entiendes que cepillarte de forma casi obligatoria todos los días, pudo ser el mejor de los métodos para que ahora no resolvieras tus pequeños conflictos con insultos incoherentes... ¡Malparido! (Como si nacer por cesárea fuese un delito) ¡Guevón! (Como si segundos antes le hubieses mandado la mano a la entrepierna para sopesar su masculinidad) ¡Maricón! (Como si hubieses pasado la noche anterior en su cama). Ahora bien, siendo la niñez el hermoso manifiesto de la insolencia, las anteriores groserías fueron reprimidas poco a poco hasta derivar en mi exhausto sarcasmo, más la osadía del enfermizo plástico lleno de cerdas no había finalizado; nunca le bastó con erradicar el sarro de mis malas palabras, ´también tenía que ser el instrumento para cuestionar mis más profundas caries, las del alma.

Tiempo después de entender que, si los pecados del cuerpo encontraban descanso en la ducha, los de la lengua en cambio podrían ser rastrillados con pelos sintéticos; en muy poco tiempo me vi empastando de menta mi rabia contra el sistema, mis frustraciones de la juventud, mis tragos inocentes bajo el emblema "tome, tome, sea un varón", además de los varios besos indiferentes que mi boca aprendió a dar para evitar esa pendejada que llamanban Soledad. Pero, al paso de los años, el aseo bucal de la mañana se encargó de los sinsabores de la noche anterior, el lavado del medio día de mis frustraciones sociales y el último, la cepillada antes de dormir, iba quedándose sin trabajo, limitándose a sustraer de mis dientes su afán por la carne triturada y el arroz marca Roa, el de aquel señor de acento forzado que buscaba formar un harem de amas de casa. Ahí comenzó a formarse mi adultez; con el cepillo dental en una mano y mis ojos clavados en el reflejo del tocador. Como no me quedaba suficiente cargo de consciencia por limpiar, las ideas iban y volvían entre gárgaras de espuma, haciendo una especie de vorágine  dentro de la garganta donde han navegado desde Sacher-Masoch hasta Virginia Woolf. Sin embargo mi propia inteligencia no podría sustentar tanta indiscreción, y luego de estrellarlos con la atrevida ignorancia que producen los buches en un lavamanos clase media, acabé por escupir muchos brillantes intelectuales contra el desagüe.

Hubo un día en el que no habían penas que lavar y solo tenía una idea de Jung endulzándome las papilas. Aquel día entré al baño para deshacerme de las palabras viejas y exprimir con cierta paciencia los reductos de la crema dental, una gran destreza milenaria aprendida por generaciones desde aquel hombre que le dio pereza comprar otro dentífrico en la tienda. Tomé entonces el instrumento ese que me miraba carrasposo desde el porta-cepillos y después de untarlo, lo mandé a mi boca mientras digería el inexistente "Genualismo" psicoanalítico. Cuando la idea se disolvió en el enjuague, me propuse escupirla para dar pie a otro planteamiento, pero... ¡No había ningún otro! La baba espumosa de Colgate se escurrió por la comisura de mis labios, llevándose consigo  la última de mis ideas mientras el cepillo de dientes se reía insolente de mi desgracia. No tuve otra opción que alzar la vista, encararme a mí mismo frente al espejo y absorber el silencio que habitaba en el baño, sin vanidad de por medio, sin atragantarme con bosones de Gigs ni con crisis diogénicas sobre el descaro de este país, sin la posibilidad de maldecir nada, solo estando ahí, raspando las muelas de mi humanidad, dándome cuenta que ese momento, el del final de todas las noches cara a cara con el lavamanos, era quizá el mayor instante de intimidad que un hombre puede tener con su propio yo.

No existía un lenguaje por pronunciar, no había nadie más con quien divorciarme del matriarcado del tiempo, estábamos yo y mi otro yo, con una vacuidad insoportable… ¿Existe acaso un mayor instante dónde reencontrarse así mismo? ¡No! Y al hallarlo tuve que correr, como cualquier estúpido que evade el silencio prolongado cuando se encuentra solo. Me aterrorizó verme de forma tan reveladora, con las chanclas heredadas de mi padre, el pelo trajinado por la inhospitalidad de la existencia, y el cepillo ahí en mi boca… Sentí de un segundo a otro que el mundo no tenía fin, que me dolía el espíritu y que en el fondo, debía sacar el mango de plástico de mi garganta, porque de mantenerlo ahí, el terror deese encuentro introspectivo terminaría por asfixiarme…  Desde aquella situación pienso todas las noches si volver o no al lavado, y al concluir mis incertidumbres, siempre termino yendo en su dirección, porque, aunque parezca un acto suicida, ignorarme a mí mismo es similar a morir por accidente, y que pereza fallecer después de ver la sección de farándula, donde como aclaró el maestro Pedro Badrán, el universo empieza con sangre, sigue con los deportes y acaba en un final feliz.



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15 jul 2012

Acerca de: SER SOBRECALIFICADO

Sobrecalificado, extracalificado, supracalificado, ultracalificado... no importa el superlativo de bisutería para adornarlo, no existe un término más apoteósico que ese cuando de aspiraciones se trata. 



Hubo un tiempo que fue hermoso y fui libre de verdad. Guardaba todos mis sueños en castillos de cristal... Charly cantaba ante más de 100.000 pares de oídos. Yo lo miraba con ojo de cazador a través de mi lente y, mientras mi chica sonreía por verlo gordito, mi cámara disparaba ideas sobre su rostro, devolviéndome preguntas atravesando mis los ojos hasta alcanzar mi cerebro.

El honorable señor don padre del rock en español, aquel músico prodigio iluminado por luces de colores, no era un hombre normal, más bien parecía un gran bigote envuelto entre el papel regalo de la fama. Brillaba sin desentonar, cantaba sin cuestionar, hasta se reía sin actuar, o en otras palabras, Charly era él, Charly, ni mucho más ni mucho menos; nadie lo dudó en ningún momento, ni siquiera él mismo... Era él, simplemente él y ya, mientras que éste fotógrafo, no se sentía muy seguro de quién era realmente.

Poco a poco fui creciendo y mis fábulas de amor, se fueron desvaneciendo, como pompas de jabón... Creo que por ahí está la clave de mis dudas; mientras el verdugo de los dinosaurios tocaba el piano, yo tenía algunos sueños quebrados de días anteriores, de cuando me sentía libre de ser quien quería ser, pese a los pagarés de libertad que vienen endosados con las facturas del agua, la luz y el ahora multiservicios multiemputecible Claro (porque bien Claro me lo está dejando).

Durante los clics del obturador, lo escuchaba desde el interior de mis pulmones, respirando con la tenue precisión de sus gestos, todo para tratar de reafirmar que era a Charly, el maestro Charly García, a quien tomaba fotos y no a cualquier otro. Alguien que no se puede confundir en escenario, alguien al cual el instrumento comenzaba a quedarle grande trás décadas de dominio, alguien sobrecalificado para sus propias canciones... incluso para su propia autoestima; sin embargo, a nadie parecía importarle esto; él hacía lo que tenía que hacer, y lo hacía tan bien que cualquier otra cosa que hiciera era como un hecho hecho sin hacer, sin relevancia relevante, o sea, irrelevante.

En cambio yo, apenas debajo de la horizontalidad de sus pies, hacía lo que tenía que hacer. Igual ninguno me prestaba mucha atención, pero en un intento por querer hacer algo diferente, buscando hacer las cosas que siempre quise hacer, me habían dicho horas atrás que estaba sobrecalificado, y aunque me negué a una afirmación tan egolatrizante, fui descalificado por haber hecho más de lo necesario, mientras a duras penas hago lo suficiente para hacer de la vida vivible, o sea, lo menos invivible posible.

Noches antes llegué a sentir que es larga la carretera, cuando uno mira atrás... Y cuando armaba mi hoja de vida para uno de esos pocos oficios donde la poesía no muere, aunque se la encarcele de 8:00 a 5:00 pm, terminé con un resumen formal de muchas torturas laborales de las cuales no me siento tan orgulloso como quisiera. Entre el teclado se paseaban nombres altruistas de proyectos aburridos, responsabilidades muertas de hambre con cargos elegantes, jefes, teléfonos y hasta direcciones tan atractivas por su sabor a venganza que yo mismo estaba dispuesto a cobrármelas después de aplicar al puesto; en fin, sobre la pantalla florecía una "ramería" de experiencias laborales en la búsqueda de una sola actividad, noble, bien paga y de cierta "cositería" tal como me gusta. Pero pese a mi notorio interés, no obtuve el trabajo. La razón: Resulté ser demasiado para la tarea ofertada.

¡País de mierda! Pensé al escuchar el término "sobrecalificado". Todos en esta economía del qué dirán, acosan hasta el desespero para que los jóvenes estudien una carrera, antes de ser demasiado viejos para el mercado profesional (25 años máximo para no tener experiencia, 30 años máximo para ser casi el ejecutivo del año de la revista Forbes,  de ahí pa' lante mijo haga lo que le toque y ruegue pa' que no lo echen hasta que pueda cobrar el mito de una pensión en el 2050)... y aún con el zarrapastroso ideal que "el progreso del país está en la educación",   no pude evitar sentirme tan diminutamente agraciado con la frase de "está más preparado que un yogurt". ¿SOBRECALIFICADO? Tal vez, pero a diferencia de lo que pensaba mi entrevistadora, yo no me sentía un exceso; es más, había llegado a sentirme aliviado por apostarle a un trabajo con un salario decente y una labor provechosa para mi vida, dejando en el ayer la casi pordiosera actividad de conseguir clientes y acabar estirando la mano llena de huecos endeudados para que paguen.

Sobrecalificado, extracalificado, supracalificado, ultracalificado... no importa el superlativo de bisutería para adornarlo, no existe un término más apoteósico que ese cuando de aspiraciones se trata. La ignorancia puede remediarse con el autoaprendizaje o con un título universitario (aunque esto no sucede siempre, varias reinas de belleza y muchos congresistas pueden dar fe de ello), pero cuando la curiosidad excede el promedio ¿Cómo remediar el saber de más?

Frente a la sospecha de enardecer mi fosforito reprimido, he construido una lista de consejos para evitar ser sobrestimado en el momento de la entrevista. Seguramente no son la clave para conseguir el empleo deseado, sin embargo, si al usarlos obtiene el trabajo, siéntase satisfecho de ver que sus excesos cognoscitivos serán sobre explotados por un jefe troglodita que abusará complaciente de su actitud "propositiva".



PASO 01: DISEÑE SU ANTI-CURRICULUM

Con la necesidad de oscurecer su propio potencial, esfuerce por escoger buenas experiencias contrarias al perfil solicitado. Por ejemplo, si busca un puesto de diseñador, utilice la peor tipografía posible, deforme su foto personal y dele prioridad a trabajos previos en bares, callcenters, ventas por catálogo y hasta el de recibir una mesada por haber cuidado niños ajenos, mientras sus padres "resolvían" su inapetencia sexoafectiva yendo a un motel. En cambio, si su aspiración es ejecutiva, use hojas de colores, letra cursiva y/o manuscrita y exalte sus profundas emociones construyendo un perfil con expresiones como "odio las mentiras porque son feas" o "me gustaría tener más de 5000 amigos, pero Facebook es un antisocial porque no me lo permite"

PASO 02: LLEGUE MEDIA HORA ANTES DE LO SOLICITADO

Pese a lo que muchos creerían, aparecer antes en la oficina es en muchos casos inoportuno. Pero existiendo gente desocupada en cualquier empresa, procure avisar en recepción su llegada las veces que le sea posible, y en cada aviso, vaya al baño, dese una vuelta por el edificio y regrese con la excusa de haberse confundido, pidiendo de nuevo que lo anuncien. Esto son duda desesperará a su entrevistador y usted mismo, por lo cual su entrada empezará con al menos dos puntos menos del promedio. 

PASO 03: AUMENTE DE MANERA MUY PRETENCIOSA SU ASPIRACIÓN SALARIAL

No importan las cualidades profesionales requeridas, la institución a la que Ud. está a punto de rogar por trabajo buscará ahorrarse algún dinero en su contratación, por ende, no hay nada que lo descalifique más que pedir 20 SMMLV,  por trabajar de asistente, coordinador, asesor o creador de contenidos. Su entrevistador pensará que usted está loco, aún más si logra contraatacarlo con un comentario del siguiente calibre: No puedo creer que usted, tan buen profesional que se ve, se haya regalado por menos... ¿O sí?

PASO 04: DESPÍDASE DE FORMA EMBLEMÁTICA

Después de ser baleado intelectualmente por el psicólogo de recursos humanos, le aconsejo implantar una marca de afecto lo más auténtica posible. En caso de encontrarse con un entrevistador de un sexo contrario al suyo, en el momento en que éste le extienda su mano, siéntase con la confianza suficiente de mirarlo(a) a los ojos y apriete su mano con bastante fuerza e ingenuidad, agitando su brazo como palanca de parqueadero unas 6 veces. Con esto demostrará una agresiva emotividad inolvidable para su calificación. Por otra parte, si el entrevistador es de su mismo género, déjese de sexismos y zámpele un par de besos en cada mejilla durante no menos de 3 segundos, asegurándose de humedecer lo suficiente sus labios para babosear de afectividad (casi inmoral) el rostro de su ejecutor.

PASO 05: CERCIÓRESE DE SABER EL RESULTADO DE SU ENTREVISTA

Por último, escribiendo desde las palabras de la experiencia, no es bueno sentirse conforme con los pasos anteriores. Si busca quitarse el mal de ojo de ser sobrecalificado, la estocada final parte de su intensidad. ¡¡¡Llame, llame, llame, llame y llame!!! No importa si el director, luego su asistente y si hasta el celador le dijo que su hoja de vida será tenida en cuenta para siguientes ocasiones; no existe mejor antídoto para una sentencia tan terrorífica como la de ser “mucho” para el puesto. Entre más intenso sea preguntando las fechas de resolución, las otras vacantes o cualquier otra razón insignificante, más satisfecho se sentirá de no haberse tenido que rebajar para poder ganarse la “papita” diaria. Al final, luego de insistir por un tiempo no inferior a un mes, sabrá a ciencia cierta si valoraron todas las engrandecidas referencias de su trabajo (porque no nos digamos mentiras, las palabras hacen magia y después de ser el chinomatic de su anterior trabajo, el término coordinador de procesos internos, le sienta mejor a su dignidad) y si, pese a la sobreactuación están dispuestos a contratarlo, siéntase agradecido de poder sorprenderlos luego con sus verdaderas facultades.



De un momento a otro, la memoria de mi cámara se llenó en una especie de señal divina. Era el momento de acabar con mis auto-laceradas reflexiones sobre aquel oficio, en el que me sentiría más feliz que tortuga con rueditas, y dedicarme a escuchar lo que el sesentón cantaba sobre la tarima. Luego de un respiro frustrado volteé la mirada y ahí estaba la chica de la que estoy enamorado con una lágrima sobre sus pómulos desafiando la gravedad. Ella, al sentir como la música caminaba sobre su piel, decidió responder a mis miradas desintegrando cualquiera de mis preguntas.

Te encontraré una mañana, dentro de mi habitación…  La abracé y dejé caer la congoja de mis labios sobre su hombro. No pasó ni un segundo antes de darme cuenta que sufrir de una desempleada sobrecalificación no podría ser tan malo, si alguien como yo lograba sobrevivir a sí mismo sin vender gran parte de su vida a un trabajo, a una órdenes y a unos horarios que alguien más pensó para subordinar a todos los que pudiera.

Y prepararás la cama para dosTurutururururú … turururaaá



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7 may 2012

Acerca de: Gay Talese en FILBo 2012


“Siendo periodista tenía la licencia para hacer preguntas”

GAY TALESE
 FILBo 2012
Por: Laura Quiceno Soto y
 Carlos Andrés López Franco

Un señor de traje gris, pañuelo rojo, corbata dorada, mocasines brillantes y sombrero torneado, se tomó la Vigésima Quinta edición de la Feria del Libro de Bogotá. Caminaba despacio, como tratando encontrar su lugar rodeado de una multitud dispuesta a aplaudirlo con el primero de sus pasos. Se trataba del escritor norteamericano Gay Talese, autor de novelas como Honrarás a tu padre, Vida de un escritor, además de una reconocida carrera como cronista y periodista en diarios como The New York Times, la revista Esquire y la revista Time.

En el marco de “25 Conversaciones que le cambiaran la vida”, uno de los padres del nuevo periodismo habla de sus inicios como escritor. A través de sus palabras, llenas de cierta complicidad elegante con el público, se desenvuelve su vida redactada por una máquina de escribir destinada a retratar la realidad de otra manera. Narra el origen inmigrante de su familia en Norteamérica, su llegada al The New York Times y algunos detalles que poco a poco revelan el nacimiento del periodismo narrativo bajo sus dedos. La curiosidad fue su principal motivación para elegir el periodismo, y a través de una sonrisa modesta que combina a la perfección con su traje, dice mientras anuda la atención del auditorio: “Cuando los periodistas se vuelven parte de la mayoría pierden la suspicacia”

Los recuerdos, las anécdotas y las personas son los protagonistas de esta charla. Después de su paso por la Universidad de Alabama y luego de convivir insatisfecho con el racismo de la época, viaja en 1953 a Nueva York. Mirando con aguda gentileza a su entrevistador, evoca el momento en el que se hizo pasar como el sobrino del director del New York Times, consiguiendo así su primer empleo como copyboy. Luego, entre los aplausos y risas de sus oyentes, da un curioso paseo por las crónicas de su carrera, donde la paciencia y la precisión periodística se convirtieron en sus mejores aliados para obtener historias de personajes tan escurridizos como Frank Sinatra o la Familia Bonanno; memorias que se pueden degustar línea a línea en el artículo Sinatra esta resfriado y la novela Honraras a tu padre.

Ante un recinto lleno, Talese se confiesa como un lector de ficción en sus inicios; Tolstoi, Fitzgerald y Hemingay construyen el escondite imaginario, donde sus letras hallan refugio antes de salir al papel. También pone en manifiesto su enigmática fascinación por narrar los hechos reales con las técnicas del story telling, creando escenas y diálogos que sobrepasan la delgada línea entre el reportaje y la ficción.

Al final, el señor de traje toma de nuevo su sombrero y se dedica a autografiar los libros de decenas de espectadores ansiosos por tenerlo a centímetros de distancia. Ninguno de ellos sabe qué nuevo relato se está gestando en su cabeza adornada de un paño impecable.
El chico de New Jersey, hijo de padres italianos, quien estudió periodismo para tener la licencia de hacer muchas preguntas; pasó de entrevistador a entrevistado en frente de uno de sus propios libros en la Vigésima Quinta edición de la Feria del Libro de Bogotá.

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